Amanece el día bajo los párpados de un sol imponente, los pájaros comienzan su canto y los árboles se dejan abrazar por el rocío que anuncia la existencia de la noche anterior. Unos ojos se abren con la luz de la mañana mientras otros se cierran por la misma claridad, unos labios se abren para absorber la primera calada, mientras otros se aprietan con fuerza los dientes para contenerse, una mente se despierta por un girar incesante, otra quiere sumirse de nuevo en el sueño que, aunque es intranquilo, calma su pecho agitado.
Amanece el día con la luz de un sol brillante, pero debajo de su cálido halo se encuentra la lluvia que aún no ha roto, lluvia que más que lluvia parece llovizna, de esa que anuncia sutilmente que hay detrás, empujando la desde el anonimato una tempestad con mareas y barcos rotos. Tempestad negra como tus ojos, como el mismo universo que se contiene en ellos, negra como el betún de mis zapatos ya casi rotos de tanto tropezar.
¿y ahora qué? ¿Que vamos a hacer con la amenaza que trae consigo la débil llovizna?
Podemos meternos en la cama, acurrucarnos en el bien estar de nuestras sabanas, mantener latente el calor que emana de nuestros pálidos cuerpos. Podemos también, como hacen todos, encapucharnos hasta las cejas, meter las manos en los bolsillos y caminar cabizbajos, con los ojos entreabiertos para que el agua no moleste. Podemos rozar la locura con dedos temblorosos, dejar que se moje el pelo, la cara , las manos... refrescarnos bajo las gotas y dejar que estas recorran las cicatrices suavemente.Hay un muy reducido grupo de enagenados que han aprendido a bailar bajo la lluvia. Que la disfruta al compas de los truenos por que sabe que el sol esta ahí arriba brillando y que cuando se cansen las nubes de llorar y revolverse, sonreirá el arco iris haciéndoles un guiño con el ojo izquierdo.
No se si en este día de lluvia, has resuelto quedarte en la cama, pero se que un día aprenderás a seguir el ritmo, a bailar bajo la lluvia